Selecciona tu país

A lo largo de los últimos años, se han publicado diversos artículos orientados a alertar acerca de editoriales que mercan inescrupulosamente con la ingenuidad de los autores, tales como la llamada “Editorial Académica Española” y, sobre todo, del surgimiento de revistas que son denominadas “revistas depredadoras” (“predatory journals” en inglés). Se trata de publicaciones presuntamente científicas que carecen de rigor y prescinden de realizar revisiones por pares (peer review), propiciando la aparición de artículos a cambio de un elevado pago llevado a cabo por incautos autores guiados por el afán de incrementar su curriculum.

Estos mecanismos editoriales pseudocientíficos siguen siendo rentables, como pone de manifiesto el indetenible (o al menos no detenido) crecimiento que exhibe el número de revistas de este tipo: de las 18 surgidas en 2011 y 23 en 2012, a cargo de los depredadores más avispados, el número de nuevos engendros se multiplicó por 10 para el 2013, ascendió a 477, 693 y 923 en 2014, 2015 y 2016 respectivamente. En 2017 superó el millar (1319), y ya en abril de 2018, contamos con 1337 de tales adefesios.

El académico más destacado en su denuncia de esta plaga académica ha sido Jeffrey Beall. Sin embargo, este profesor y bibliotecario de la Universidad de Colorado dejó de publicar su famosa lista de revistas y editoriales depredadoras como consecuencia de las agresiones y ataques que recibía sistemáticamente desde que comenzó su empeño de notificar tales agravios a la ciencia verdadera. Fue incluso amenazado por las empresas de ser demandado por una cifra millonaria.

Pero Internet es una arena donde se batalla con herramientas inesperadas. Los delincuentes aprovechan la virtualidad y el anonimato; pero quienes los combaten también pueden aprovechar esos rasgos. Así, afortunadamente, un grupo de profesionales anónimos ha tomado la posta y  mantiene un sitio actualizado con la lista de revistas y editoras que integran la infame relación de publicaciones depredadoras.

Ahora resulta, sin embargo, que la aberración en esta materia no solamente sobrevive sino que  adopta nuevas modalidades.  El cauce novedoso, concierne a  invitaciones para que los investigadores asistan como participantes (o incluso como autoridades en sesiones de trabajo) en conferencias o congresos fraudulentos, donde las propuestas no reciben revisión alguna. Simplemente, quien desee participar (y obtener el crédito correspondiente) ha de pagar una media de 1000 euros.

A través de un  programa creado por estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts, con el que se generan automáticamente artículos para cuya elaboración se intercalan contenidos al azar, el Dr. Are Brean, Editor Jefe de la Revista de la Asociación Médica de Noruega, elaboró un trabajo donde se informaba algo fantástico: el caso de decenas de osos polares que se habían convertido en personas de manera espontánea. Una vez confeccionado, lo remitió a una conferencia científica que habría de celebrarse en la capital de su país, organizada con el pomposo nombre siguiente: “2018 IIER 362nd International Conference on Recent Advances in Medical Science”. La demostración del intento de atraco no demoró en gestarse: apenas cuatro días después de haberse  enviado, el espectacular trabajo fue aceptado para su presentación en el evento. El autor recibió la información de que su aporte había pasado exitosamente los filtros científicos del caso (peer review) y la indicación de cómo proceder para pagar la inscripción. Desde luego, ni tales filtros existieron ni, en este caso, el autor dilapidó su dinero.

Es una anécdota curiosa y hasta cómica. Sin embargo, ella revela que sobran motivos para inquietarse sobre la peligrosa realidad que vivimos, donde la codicia parece penetrar por cada intersticio de la sociedad.

La mayoría de los científicos, sin embargo, son personas decorosas e íntegras. Algunos, los más bisoños, podrían caer en estas trampas, sin comprender que lejos de incrementar su reputación, al incurrir en este tipo de celadas, lo que consiguen es  deteriorarla.

Vivimos en las “sociedades de la posverdad”, caracterizadas como aquellas donde los límites entre la verdad y la falsedad se desdibujan deliberadamente.  En el plano político, es el pan de cada día; en el mundo de la ciencia, tal ambivalencia no debería tener cabida. Los congresos depredadores deben ser denunciados de manera contundente y los investigadores todos, han de ser advertidos sobre sus acechanzas, las cuales comprometen por igual el prestigio los propios investigadores como a la ciencia misma.

 

Luis Carlos Silva Aycaguer

 Profesor del Maestría Oficial en Epidemiología y Salud Pública, Universidad Internacional de Valencia