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El pasado mes de junio se cumplieron 20 años de la aprobación de la Declaración de Salamanca, una histórica conferencia organizada por el gobierno español en cooperación con la UNESCO en la que participaron un total de 92 gobiernos representados por 300 personalidades del ámbito educativo: especialistas, altos funcionarios de educación, administradores, etc. En esta importante cumbre se firmaron los principios, valores, líneas políticas y principales prácticas en relación a la educación de las personas con necesidades educativas especiales (NEE), diseñándose además un Marco de acción específico.

Los principios de la Declaración de Salamanca

La reunión que tuvo lugar en Salamanca (España) durante los días del 7 al 10 de junio de 1994 fue un acto clave en la reafirmación del derecho a la educación de todas las personas dentro de un sistema educativo, con una perspectiva inclusiva e integradora y de rechazo de las organizaciones escolares basadas en la segregación y la separación de los alumnos en función de supuestos coeficientes intelectuales o determinadas potencialidades. Basándose en estos criterios, los asistentes a la reunión firmaron una declaración donde, entre otras cuestiones, se cita explícitamente:

  • Se reconoce el derecho, la necesidad y la urgencia de todas las personas (tanto niños, como jóvenes y adultos) con NEE de recibir una enseñanza de calidad, donde tengan la oportunidad de adquirir un nivel aceptable de conocimientos.
  • Los alumnos con NEE deben tener acceso a las escuelas ordinarias, que deberán integrarlos con una pedagogía adaptada a sus especiales características o problemas de aprendizaje y que sea capaz de satisfacer sus necesidades.
  • Los sistemas educativos deben ser diseñados y aplicados teniendo en cuenta toda la gama de diferentes características y necesidades de cada persona.
  • Se deben potenciar las escuelas ordinarias de orientación integradora, ya que son el medio más eficaz para combatir las actitudes discriminatorias.
  • Se apela a los gobiernos y comunidad internacional a velar por el cumplimiento de estos principios.

 

El marco de acción

La declaración de Salamanca no se limitó a plantear unos objetivos ideales, sino que también se plantearon una serie de directrices en distintos ámbitos para poder alcanzarlos, que incluían desde aspectos de política y organización escolar a servicios de apoyo y recursos necesarios. A este conjunto de recomendaciones y medidas concretas se le denominó Marco de Acción sobre Necesidades Educativas Especiales, un documento que recogía, entre otras, las siguientes líneas de actuación:

  • Se recomienda a los países que a la hora de elaborar sus distintas políticas educativas antepongan por encima de todo el concepto de educación para todos.
  • La legislación de cada país debe reconocer el principio de igualdad de oportunidades de los niños con discapacidades en todas las etapas educativas.
  • La enseñanza deber ser impartida en la medida de lo posible en centros integrados. Se debe procurar que cada niño, con independencia de su problema o incapacidad, acuda a la escuela que le tocaría por zona.
  • Las políticas educativas deben valorar las diferencias individuales y las distintas situaciones.
  • Las escuelas de educación especial deben regirse por un modelo de rehabilitación basado en el comunidad.
  • Los programas de estudios deben adaptarse a las necesidades de los niños y no al revés y lo mismo ocurre con los procedimientos de evaluación, los cuales deben revisarse periódicamente.
  • El estado debe asegurarse de que los escolares con NEE reciban el apoyo o refuerzo adecuado y los materiales y recursos técnicos que precisen, dotando para ello de la financiación necesaria.
  • Se debe flexibilizar la gestión de los centros escolares y otorgarles mayor autonomía con el fin de aportar dinamismo y eficacia.
  • Fomentar la investigación pedagógica y facilitar la información de los resultados de dichas investigaciones y estudios.

 

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El valor de la Declaración de Salamanca

El documento que recoge las conclusiones de la Declaración de Salamanca fue ampliamente difundido en todo el mundo y la mayoría de países acogieron sus ideas con gran entusiasmo, intentando aplicar sus principios a sus políticas y sistemas de organización en materia educativa. Cada país ha intentado aplicar las ideas globales de integración e inclusión educativa que se desprenden del texto, adaptándolos a sus creencias, valores, nivel de desarrollo, capacidades organizativas y recursos económicos. Por lo tanto, con la amplia y densa perspectiva que nos da sus dos décadas de existencia, podemos afirmar que la Declaración de Salamanca sobre necesidades educativas especiales está plenamente vigente y su esencia sigue guiando la definición de políticas y las acciones en el día a día escolar de cada centro y aula. No obstante, aún en pleno siglo XXI, se siguen observando notables diferencias entre la teoría planteada en las políticas educativas y su puesta en práctica. Especialmente en los países más pobres y los que se encuentran en vías de desarrollo, se observan déficits importantes en inclusión educativa. Faltan recursos en forma de profesores de apoyo e infraestructuras adecuadas, con consecuencias tan negativas como la escolarización en colegios especiales de niños con discapacidades leves, que no justifican para nada la segregación. Otro aspecto planteado en la Declaración al que aún le queda mucho camino por recorrer en un buen número de países, incluido España, es el de la adaptación de los programas escolares (currículos). La falta de autonomía de los centros, la excesiva rigidez de las normativa y, en ocasiones, lo fallos o retrasos en el diagnóstico de los trastornos de aprendizaje de algunos niños provoca que, a día de hoy, el número de currículos adaptados únicamente alcance a un pequeño porcentaje de los alumnos que realmente lo precisarían, siendo esta una de las causas más importantes de fracaso escolar.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia