Selecciona tu país

Como a todo periodista me ha tocado escribir muchas veces por encargo. Rara vez se hace por devoción. Sólo cuando hay un gran tema. Y éste lo es, desde luego, para mí. Como debe serlo para los muchos otros que han conocido y apreciado la dulce influencia y las suaves buenas vibraciones que nuestra compañera Hayley, tan recientemente fallecida, ha emitido siempre. En los primeros días de esta universidad, yo, como PDI, no sabía bien quien era ella. Hasta que pude constatar su generoso carácter cuando se brindó a refrescar –o reconstruir- el inglés de algunos de los docentes. Disfruté sus lecciones, todos los que las vivimos creo que lo hicimos. Da igual que hubiera poca o mucha gente, ella era brillante y modesta, personalizaba cada referencia, y siempre daba algo de su universo particular al hacernos hablar o leer. Recuerdo un texto de Noam Chomsky sobre cómo se lleva a cabo la manipulación mediática, un pequeño obús que ella deslizó como si fuera una receta de cocina. Recuerdo, y mucho, textos sobre cómo vivir mejor, tener una vida plena, resultar más saludable al entorno y llevar una existencia más acorde con lo que a uno debiera hacerle feliz. Como ella misma, eran escritos que iban más allá de lo que uno espera. Tenían algo de espiritual, lo cual está bien, pero en un contexto de una cierta ironía: era una persona divertida, incluso en los momentos de la mayor oscuridad. Esa sensación tengo.

Debo compartir que  gracias a su intervención, yo evité tomatazos en un congreso al que acudí como ponente en Portugal, puesto que su revisión de mi presentación en inglés hizo que ésta fuera, desde luego, más ágil y mejor. Sé que otros profesores han sido ayudados de modo parecido, y todos se lo debemos agradecer las veces que haga falta. Me gustaba su modestia, su bohemia, y, a la vez, su profundidad al analizar diferentes asuntos. Respetaba su integridad. También su optimismo, y una facilidad que tenía para hacer fácil lo difícil (a muchos nos pasa al revés). Si la tuviera que relacionar con un lugar, lo haría con el barrio del Carmen de Valencia –donde vivía-, con su mezcla de cosmopolitismo rebelde y autenticidad de toda la vida.  Hay que decir que uno de sus grandes valores, en el contexto de nuestra universidad, ha sido su capacidad de estar plenamente conectada con el P.A.S y el P.D.I, de interesarse siempre por las necesidades y voluntades de unos y otros, de tener claro que formamos un todo con especificidades que se complementan y se desarrollan. Entiendo que ella lo veía así y, sin duda es una visión ejemplar.

Quiero evocar, en resumen, que ella haya existido, que haya formado parte de nosotros durante un tiempo decisivo. Que hayamos podido tenerla cerca.

Gracias, Hayley.

Joan M. Oleaque