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Entre la reciente foto de un niño sirio llamado Aylan y otra que realizó Javier Bauluz en el año 2000 de un ser humano ahogado en una playa de Tarifa han pasado casi 15 años. José Saramago, reflexionó entonces sobre la falta de compasión que mostraban los ciudadanos en la foto española, la atribuía a la escasez de opciones de los presentes y a la levedad de los sentimientos. Santiago Alba Rico, frente a la foto de Aylan, se pregunta por esa "alternancia paralizadora de indiferencia crónica y sentimentalismo" de los espectadores de este orden criminal del mundo. Maruja Torres vaticina que, tras el shock y el impulso inicial, la indignación decaerá y la atención pública, incluso la mejor intencionada, seguirá en tránsito. Con imágenes diferentes, todos los artículos mencionan la sensación de disonancia.

En términos sistémicos, la analogía sería la de un bucle, el síntoma de un sistema disfuncional, en el que tenemos la impresión de movernos, pero en realidad sólo estamos en diferentes fases: negación, compasión, indignación, agotamiento depresivo... todo para volver a la inacción y a la negación. Es decir un sistema en el que somos incapaces de cambiar realmente. (Watzlawick llamaba a este cambio sin innovación el Tipo 1: "una persona que tiene una pesadilla, puede hacer muchas cosas dentro de la pesadilla: correr, esconderse, gritar, etc., pero ningún cambio de uno de estos comporta­mientos podrá finalizar la pesadilla".)

El precio que pagamos por no dar el salto a un cambio innovador es altísimo, explica entre otras cosas el empobrecimiento de nuestras relaciones y de nuestra visión del mundo. La red belga "Santé Mentale en Exil" invoca esa degradación en la imagen del refugiado y el movimiento de nuestras representaciones: "el disidente soviético, el militante de izquierda amenazado por las dictaduras latino-americanas de los años 70, figuras imbuidas de un halo romántico de resistencia al opresor, han dado paso a la imagen de un candidato al asilo desprovisto de todo, sin nombre, sin opinión, expulsado por situaciones de intolerancia étnica o religiosa, de guerra civil o simplemente por pobreza (...) Este nuevo exiliado apela simultáneamente a varios valores y representaciones, que navegan entre la piedad y la sospecha".

Luchamos contra ello, es cierto: invocamos por ejemplo que NOSOTROS en España también fuimos emigrantes y refugiados como ELLOS, pero involuntariamente reproducimos la separación, como si nos viniese dada. Quizás otra estrategia de supervivencia en ese bucle. El psiquiatra Jean Furtos recuerda que "todos somos migrantes y no podemos erigir impunemente un muro epistemológico que consista en distinguir una esencia radicalmente diferente entre nosotros los incluidos de aquí, y ellos los demandantes de asilo, los excluidos del más allá." Ello no significa en absoluto negar la asimetría: "Bien al contrario, cuanto más trabajamos al margen, con los que llamamos precisamente marginados, más nos damos cuenta de que trabajamos para el centro, aunque el centro no quiera saber nada de ello." (La traducción es propia, está en la introducción al fantástico libro del terapeuta y psiquiatra Jean-Claude Métraux, La migration comme métaphore que profundiza en el re-conocimiento propio como migrante, tanto a nivel personal como en la relación de ayuda).

Es lo que desde una psicología social humanista Ignacio Martín-Baró defendía como auténtica Salud Mental, definida de manera incluyente "en términos (más) positivos y amplios: no se trata de un funcionamiento satisfactorio del individuo; se trata de un carácter básico de las relaciones humanas que define las posibilidades de humanización".

Todos los autores citados al inicio encuentran "agentes de humanización": Bauluz testimonia por la gente que se arriesga a contravenir normas que penalizan el auxilio; Saramago considera al propio Bauluz ejemplo de ese "delito": "el de creer que podíamos ser de otra manera"; Torres sabe que aun quedarán solitarios "luchando por lo que es justo" aunque ya no les favorezca "el viento de la urgencia social", y Alba Rico espera que "los ayuntamientos del cambio" convertirán la solidaridad en un hecho contagioso.

En esta línea, las redes de ciudades acogedoras, o el movimiento ciudadano #refugeeswelcome, (#bienvendosrefugiados en España), además de ser eficientes palancas que han movido a los gobiernos a abrir fronteras, pueden verse como innovadoras bisagras por nuestra Salud Mental.

El movimiento perderá ciertamente intensidad. El terapeuta y psiquiatra Robert Neuburger decía en un reciente coloquio organizado por un círculo de profesores y estudiantes de psicología, que la compasión no equivale al reconocimiento, compadecer no compromete a nada y por eso es tan frecuente. Quedarán los que sepan superar la compasión para re-conocerse. Bauluz, comentando su foto, decía: "para mí hay otra foto muy importante de esa historia, que es cuando apareció la chaqueta de este hombre. En ella la Guardia Civil encontró un disco de Bob Marley, un cepillo de dientes, un billete de 5.000 pesetas, una foto del papa, una foto con dos personas vestidas de blanco en el agua en una especie de bautismo, un peine y un metro de medir." Objetos que hacían existir a la persona en grupos a los que pertenecemos. Así es siempre, primero nos llegan las personas, luego reconocemos sus pertenencias.

Neuburger y Métraux sitúan en el corazón de las "patologías" de las personas refugiadas la falta de reconocimiento y la expulsión masiva de sus pertenencias. En psicología, las pertenencias son el sentimiento de saberse parte de grupos por encima de los vínculos interindividuales, lo que dota de identidad y de referencias para ubicarse y elaborar estrategias de cambio.

¿Pueden las familias que abren su casa ofrecer pertenencia? Es cierto que el ciudadano solo no puede devolver pertenencia a los expulsados, pero puede apoyarse en algo para que las personas mantengan o recuperen su dignidad. El terapeuta Siegi Hirsch, recordando su propio exilio y su trabajo por crear sentimientos de pertenencia para exiliados en la Segunda Guerra Mundial dijo algo así como: "la gente piensa que la pertenencia se crea con grandes discursos y eso no es para nada así" (traducción propia de las notas del coloquio antes citado).

Casi todos hemos estado en algún momento en riesgo y hemos tenido un encuentro con alguien, con un "tutor de resiliencia" como dice otro psiquiatra del exilio: Boris Cyrulnik. Alguien que tuvo un gesto gratuito, muchas veces inadvertido incluso para él, pero que evitó que volcásemos. La resiliencia, hay que recordar siempre, no es una característica innata del individuo, es fruto de la pertenencia y "de la honestidad de los procesos y de las miradas de los otros sobre nosotros" (en Nuevas miradas sobre la resiliencia).

Son muchas las dificultades que afrontar para #refugeeswelcome, quizás la mayor de ellas consista en encontrar el modo de trabajar contra la exclusión sin reproducirla. Pero la mera iniciativa tiene un valor preciado en sí misma. Recuerda Métraux que "la iniciativa (...) es siempre responsabilidad del menos amenazado. La iniciativa de "cruzar" una pertenencia, regalar objetos preciosos, desvelar el lugar donde habitan los objetos sagrados, reconocer la depredación y la injusticia(...). El menos amenazado es aquel para el que la supervivencia está asegurada por el momento, cuyo pellejo no está (todavía) tatuado por el sello de la exclusión, aquel para el que la palabra y las competencias tienen derecho de ciudadanía."

https://www.youtube.com/watch?v=knnEJnohSbo&feature=youtu.be

Enlaces y bibliografía:

  • Las imágenes están extraídas del libro sin palabras "Emigrantes", de Shaun Tan (Barbara Fiore, 2007), un excelente material para ser trabajado con diversos públicos. Su autor también habla de pertenencias: "Más allá de mis asuntos personales (...) el «problema» de la pertenencia puede que sea más una pregunta existencial básica con la que todo el mundo debe enfrentarse de vez en cuando, quien sabe si de forma regular".
  • Las referencias, libros, imágenes y demás citas pueden localizarse usando los links del artículo.
  • Más sobre #bienvenidosrefugiados España: Manifiesto. Actividades, recursos y noticias.

Marc Konrad Torralba, Director de TFM en el Máster de Psicología General Sanitaria (VIU)