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Los últimos estudios y aportaciones sobre los nuevos enfoques en  la educación para adultos señalan como uno de los campos más interesantes y prácticos la orientación profesional, la cual debe tener muy en cuenta las características personales de cada alumno, así como su coeficiente intelectual, estudios previos, conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes y disposición para la formación.

aprendizaje adultos

Un enfoque basado en la amplitud del saber y las experiencias

En los procesos de enseñanza-aprendizaje de los adultos es importante realizar un reconocimiento previo de su bagaje formativo y cultural, con el fin de identificar una disciplinariedad e interdisciplinariedad de los conocimientos, destrezas, habilidades y actitudes comprendidas en sus estructuras cognitivas.

También se debe analizar su experiencia, que consiste básicamente en determinar qué conocimientos y experiencias nuevas puede desarrollar para suplir lagunas posibles que se le muestren a lo largo de su formación profesional o que tenga la necesidad de incorporar en su perfil. Conviene recordar que el aprendizaje también se adquiere en contacto con informaciones directas o indirectas contenidas en otras personas o ejemplos diarios observables o constatables.

La importancia de la motivación y los incentivos

La motivación puede definirse como un conjunto de variables que actúan, inciden o se implican de forma directa para activar una conducta, una aptitud, un conocimiento o una idea creativa con unos objetivos o finalidad definida. Es importante incentivar la motivación intrínseca, que es la  interna por parte del individuo, es decir, su voluntad, intenciones e impulsos, y  también la extrínseca, que serían aquellos componentes externos: posibilidad de mejorar laboralmente o conseguir reconocimiento social, los cuales animan al individuo a empezar o continuar su formación.

Los incentivos son aquellas variables que, en un momento determinado, tienen un gran valor para la persona, repercutiendo positivamente en sus conductas o aptitudes.  Suelen ser variables concretas de orden social, intelectual y emocional, que pueden animar a llevar a cabo el esfuerzo que suponen la actividades relacionadas con la educación.

En la formación de adultos es importante poner en marcha incentivos de tipo intelectual (participación de forma directa en el aprendizaje, memorización, capacidad reflexiva, capacidad de autoregulación) los de tipo social (establecer de relaciones con personas importantes en el campo académico o laboral), así como los incentivos de tipo emocional (cómo ser aprobados personalmente en púbico, en un grupo y obtener respeto).

La orientación profesional en  los adultos es, por lo tanto, una de las facetas más interesantes a poder desempeñar dentro del ámbito profesional orientador, porque nos encontramos en un nivel avanzado del desarrollo de la persona, pero donde todavía se le puede enseñar y reorientar hacia logros posibles que le permitan cubrir sus distintas necesidades, tanto de supervivencia como de reconocimiento. Por otro lado, también se contribuye a inculcar valores cívicos en la persona y un espíritu participativo en relación a los cambios sociales, económicos y políticos necesarios actualmente en la sociedad.