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Si algo nos ha demostrado este periodo de crisis es que la cultura financiera debería estar más presente en el modelo educativo. Las finanzas se mueven en un ambiente cada vez más complejo e innovador. Los productos o servicios financieros, sus normas y regulación, no son fáciles de comprender para mucha gente. Una mayor educación financiera ha de entenderse como fundamental en los entornos actuales, no sólo para las empresas u organizaciones sino, en general, para todos los particulares, que en mayor o menor medida, nos vemos afectados por las “estructuras” del dinero.

Asistimos en los últimos meses a grandes turbulencias financieras y bursátiles. La economía global provoca que las incertidumbres que nos parecen muy distantes (como la crisis económica de China y los países emergentes, las dudas sobre el tipo de interés en Estados Unidos o la bajada del precio de las materias primas como el petróleo), resulta que nos afectan más de lo que pensamos. Muy pocos conocen cómo funcionan estos mecanismos y, lo que es peor, cómo nos podemos proteger de ellos.

Para las empresas, uno de los grandes retos en el 2016 es mejorar sus fuentes de financiación. Están apareciendo nuevas alternativas de crédito que deben conocer: fondos de direct lending (préstamos directos de inversores particulares), el Mercado de Bolsa Alternativo (MAB) o modelos de crowdfunding o de financiación participativa. Los empresarios, tanto los nuevos como los de más recorrido, deben hacer un esfuerzo para ponerse al día porque son formulas beneficiosas y necesarias.

Una de las lacras para muchas empresas ha sido la excesiva dependencia del crédito bancario. La banca está sometida a fuertes ajustes y con directrices muy exigentes a la hora de conceder créditos. Muchos proyectos, y muchos empleos, se han quedado en el camino por falta de financiación. Es algo que no debe volver a ocurrir. Las compañías necesitan diversificar sus fuentes de financiación (porque las hay), y proteger su futuro. Y, por supuesto, necesitan a buenos profesionales en esa materia.

 

 

Las iniciativas desde el ámbito público y privado

Para mejorar la situación, ya en 2008, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España pusieron en marcha un Plan de educación financiera, que se renovó en 2013 y se prolongará hasta el año que viene. Se pretende con este plan, dotar a la población de las herramientas, habilidades y conocimientos necesarios para adoptar decisiones apropiadas (una de las iniciativas ha sido declarar, el año pasado, el día 5 de octubre como el Día de la Educación Financiera).

A esta idea también se han sumado desde el espacio privado.  La Fundación Mapfre está apostando este año por la enseñanza sobre seguros, una materia que, en nuestro país, entienden que existe un nivel medio-bajo. Desde Efpa -la Asociación Europea de Asesores Financieros- en España, se ha fomentado un proyecto de educación por el que se imparten talleres en empresas, asociaciones y colegios profesionales.

Los resultados aún dejan mucho que desear y estamos lejos de los países anglosajones, mucho más avanzados en este ámbito, donde no se da el déficit de conocimientos que existe en España

 

La educación, ¡a escena!

Ante esta situación, es fundamental seguir trabajando para que la población tenga el hábito de preocuparse por su dinero y conocer los detalles de los productos que contrata.

Una formación que necesita despegar desde la base. Los últimos resultados conocidos del informe del Programa internacional de evaluación de estudiantes (Pisa) ya revelaban que uno de cada seis alumnos en España apenas alcanza el nivel básico en competencias financieras.

Esta formación, debe extenderse también a las entidades financieras. Éstas, deben potenciar la capacitación de sus profesionales que, muchas veces, no saben explicar los productos que comercializan a sus clientes.  .

Por último, para las empresas en general, y especialmente para los nuevos emprendedores, cuidar la formación en este segmento es vital. Elaborar un buen plan financiero es básico para la supervivencia de un proyecto. Distinguir entre conceptos como rentabilidad, solvencia o liquidez es imprescindible. Sólo hay que recordar que muchas empresas han cerrado por falta de liquidez aún presentando beneficios. Una cosa es vender y otra cosa es cobrar. Por ello, confeccionar un buen presupuesto de caja y hacer previsiones de flujos de cobros y pagos, para anticiparse a las faltas de efectivo, es lo más básico para un negocio.

La formación es la herramienta perfecta para acabar con estos problemas, de los que, por suerte, cada vez somos más conscientes.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia