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Si se analiza la economía de un país desde el punto de vista de la demanda agregada, el consumo es una de las “patas” fundamentales que manifiesta la relevancia que tiene el gasto privado como llave fundamental en el crecimiento económico de un país.

Es necesario conocer no solamente el consumo realizado, sino también el consumo futuro y para ello las economías de los diferentes países desarrollados utilizan los índices de confianza de los consumidores. El análisis es muy claro, si una economía doméstica prevé que sus ingresos futuros están asegurados y además creen que van a ser crecientes, el grado de optimismo de cara a su consumo será mayor, repercutiendo directamente en un aumento de la actividad económica: mayor producción, mayor inversión y mayor empleo.

Los índices del consumidor más conocidos es el que publica la Universidad de Michigan para EEUU, el generado por el instituto económico GfK para Alemania, cuyo último dato para junio de este año ha superado el índice de mayo (10,2 vs 10,1), o en nuestro caso, el generado por elCentro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Una mayor confianza mostrada en el índice nos está alertando de una mayor expansión de la prevista, aunque como todos los indicadores, hay que tener en cuenta el error implícito que se deriva de cualquier muestreo basado en una encuesta.

Como se observa en el gráfico anterior los indicadores de la situación económica en España muestra desde 2014 una tendencia positiva con respecto a los años anteriores pero con períodos de alta volatilidad.

Esperemos que los indicadores de confianza del consumidor muestren una realidad más allá de un deseo y que se traduzca en un aumento de la inversión y del empleo de calidad. Esperemos.