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La crisis económica a hecho descender la rentabilidad de ciertas profesiones, pero en cambio ha potenciado la creación de muchas otras. Un hecho que ha generado que muchos empleados que antes desarrollaban su carrera en las profesiones más castigadas por el actual contexto histórico hayan tenido que adaptarse a nuevos perfiles para seguir cobrando el salario.

Según leemos en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el verbo adaptar significa “avenirse a diversas circunstancias, condiciones, etc.”. Y esto es lo que la inmensa mayoría de trabajadores han tenido y tiene que hacer en la actualidad si no quiere perder su empleo: cambiar algún aspecto de su trabajo.

La sociedad líquida (cómo bien bautizó en su momento Zygmunt Bauman) en la que vivimos está en constante cambio y sus integrantes no tenemos otra alternativa que adaptarnos a esta si no queremos quedar excluidos de ella. La automatización de los procesos de producción, por poner un ejemplo plausible, ha reducido considerablemente los puestos de trabajo de la industria, pero al mismo tiempo ha generado una oportunidad para ingenieros y mecánicos capaces de programar y arreglar estas máquinas. Esto quiere decir que sobran operarios y faltan técnicos.

No obstante, esta adaptabilidad del trabajador contemporáneo ha sido entendida por muchas empresas de un modo alejado de la ética más estricta. En España el miedo que los trabajadores tienen a la pérdida de su puesto de trabajo ha generado abusos por parte de las empresas. En este sentido, muchos empleados han visto reducidos sus sueldos y cambiadas sus condiciones laborales (cambios de horarios, etc.).

 

 

La formación, el gran valor de la adaptabilidad

Si queremos seguir gozando de unas condiciones similares a la de los años anteriores a la crisis, tenemos que adaptar nuestro perfil al de los profesionales más demandados actualmente. Y esto sólo se consigue con formación. Reciclar nuestros conocimientos para adaptarlos a las profesiones que las empresas saben rentabilizar mejor en estos momentos.

Hoy en día cotizan al alza los centros de formación, ya que es tan cambiante nuestra sociedad que lo que ayer valía para desarrollar una profesión, hoy es viejo y anticuado y, en definitiva, poco rentable. Es necesario aprender constantemente nuevas maneras de trabajar para poder seguir siendo competitivo y útil a la empresa.

El mundo actual es un ecosistema cambiante que exige a sus seres vivos acomodarse a las nuevas condiciones del entorno o morir. Esto significa que para poder sobrevivir será necesario que adquiramos nuevos conceptos que nos hagan rendir mejor en nuestro trabajo.

Todo esto nos viene a decir que no vale la pena resistirse al cambio, ya que el mundo ha iniciado un proceso de transformación que exige la adaptabilidad de las personas
que lo habitan. No cambiar es condenarse al fracaso, mientras que ser flexible es encarar su vida a la victoria.

Recordemos que si las placas tectónicas generaran sismos en nuestro país similares a los de Japón tendríamos que cambiar nuestra manera de construir edificios, ya que caerían como una baraja de naipes.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia