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Hace meses que la sociedad valenciana y, más concretamente, el sector audiovisual de esta comunidad autónoma, esperan con impaciencia la anunciada reapertura de Radiotelevisió Valenciana (RTVV). Según las últimas informaciones publicadas, parece que la promesa del Consell presidido por el socialista Ximo Puig se hará realidad finalmente el 29 de noviembre de este mismo año. Una fecha elegida por su simbolismo: se trata del tercer aniversario del fundido a negro que puso fin a la historia del ente radiotelevisivo.

RTVV se fundó en 1984 con el objetivo de dotar a la sociedad valenciana de un ente público de radiotelevisión que promoviera y protegiera «la lengua propia de la Comunidad Valenciana» (Ley 7/1984 de 4 de julio). El cierre de RTVV se hizo efectivo casi 30 años después, a las 12:19 del 29 de noviembre de 2013, en el contexto de ajustes económicos (los famosos recortes) que asoló algunos Estados de la eurozona como respuesta a la crisis. Ese mismo año, la sociedad griega también asistió impotente al cierre de la televisión pública ERT, hecho que sentó un terrible precedente de desaparición de una cadena estatal en un país democrático (enlace: https://www.youtube.com/watch?v=K_Vh1Qh-J5w).

En España, el gobierno de la Generalitat Valenciana encabezado por Alberto Fabra (PP) tuvo el dudoso honor de ser el primero en clausurar un ente público autonómico. Fue el final de un proceso que se inició en 2012, con un expediente de regulación de empleo (ERE) declarado nulo por los tribunales en noviembre de 2013. Ante la imposibilidad de asumir la readmisión de los más de mil empleados despedidos, el 27 de noviembre de 2013 el gobierno valenciano aprobó la Ley de liquidación de RTVV (Ley 4/2013, de 27 de noviembre), poniendo así punto final a la trayectoria de la radiotelevisión.

Evidentemente, el cierre de RTVV se vio envuelto en una agria polémica: por una parte, las acusaciones de manipulación política por parte del gobierno autonómico, la corrupción, la mala gestión y el sobredimensionamiento de la plantilla del ente público alimentaron los argumentos a favor del cierre. Pero por otro lado, se privaba a la sociedad valenciana de los únicos medios audiovisuales en lengua propia que todavía existían (en 2011, la Generalitat Valenciana forzó a Acció Cultural a cerrar los repetidores de Televisió de Catalunya en territorio valenciano) y se despedía a las más de mil personas (un porcentaje de ellas, funcionarias) que en ese momento trabajaban en RTVV. En 2014, en el primer aniversario del apagón definitivo, el personal de Radiotelevisió Valenciana ofreció su punto de vista sobre el pasado, el presente y el futuro de la corporación en este reportaje de Fórmula TV: https://www.youtube.com/watch?v=XbhYJP4Rwe0.

Como es natural, el cierre del ente público tuvo consecuencias también para los proveedores de servicios externos, entre los cuales se hallaban numerosos profesionales de la traducción audiovisual. Desde sus inicios, Televisió Valenciana (TVV) impulsó la creación de una industria del doblaje y la subtitulación al valenciano, con el objetivo de potenciar y normalizar su uso en los medios de comunicación. Así, diversos estudios de doblaje y subtitulación nacieron y crecieron al amparo de la televisión valenciana, lo cual acabó provocando una gran dependencia del sector televisivo público, que actuaba como mecenas. El modelo de lengua fomentado por TVV en las traducciones audiovisuales durante estas décadas no estuvo exento de polémica: en su trabajo, Marzà (2016: 67) ofrece una descripción detallada de lo que denomina «directrices lingüísticas politizadas», y señala el descontento de traductoras y traductores respecto al tratamiento de la lengua por parte de la corporación. No obstante, la misma autora destaca la preocupación constante de este sector de profesionales por la calidad de las traducciones y su compromiso cultural con la transmisión de la lengua propia.

El cierre de TVV implicó la desaparición de las cadenas Canal 9 y Punt 2, que eran los principales clientes de los estudios, muchos de los cuales también se vieron obligados a cesar su actividad. Con la quiebra de los estudios, decenas de traductoras y traductores audiovisuales se quedaron sin trabajo, al igual que actrices, actores, directoras y directores de doblaje. Así pues, la clausura de TVV afectó de lleno a nuestra profesión (ya de por sí invisible y silenciada), y demostró de paso que la traducción no es ajena a los avatares políticos. A un nivel más general, la destrucción del sector audiovisual valenciano es hoy un hecho: la Mesa Sectorial del Audiovisual Valenciano cifra la tasa de desocupación en un 92%.

Lejos de ser un hito, la desaparición de RTVV supuso un fracaso estrepitoso: una catástrofe social y cultural que comportó, además, una gran pérdida de competitividad para la Comunidad Valenciana, puesto que el mercado audiovisual es claramente estratégico en la sociedad de la información del siglo XXI. Por ello, el Consell actual tiene ante sí un reto cargado de responsabilidad e ilusión: reabrir RTVV, reactivar el sector audiovisual y recuperar a todos estos profesionales, convirtiendo el fracaso en una oportunidad para refundar una corporación más transparente, mejor gestionada, y que sea a la vez fuente de riqueza y transmisora de la cultura valenciana.

Enlace al documental 12.19 Temps de Silenci: https://www.youtube.com/watch?v=K_Vh1Qh-J5w (http://1219tempsdesilenci.com/

 

Ana M. Prats Rodríguez
Colaboradora docente Grado de Traducción e Interpretación