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Desde la asignatura que imparto en el Máster en Nutrición y Actividad físico-deportiva para la promoción de la Salud, pretendo dar a conocer las pautas adecuadas para realizar intervenciones de ejercicio físico efectivo para mejorar la salud. Todo el mundo sabe (aunque no lo lleve a la práctica), que el ejercicio genera innumerables beneficios para la salud, que de no ser por que haya que moverse y esforzarse para conseguirlos, bien podría decirse que son hasta mágicos. Sin embargo, es poco conocido el impacto que esta práctica tiene en nuestro trabajo, como por ejemplo sobre la habilidad laboral. La habilidad laboral refleja el balance entre nuestra capacidad individual (física y mental) en relación a las demandas que exige nuestro trabajo. Es importante tener en cuenta que una habilidad laboral pobre se asocia con dolor musculoesquelético, enfermedades crónicas, menor productividad, jubilaciones tempranas, bajas por enfermedad e incluso mortalidad por cualquier causa (1-5). Esto es algo que no sólo afecta a la calidad de vida de las personas, sino que en consecuencia genera un alto gasto económico a nivel público y privado. El hecho de mantener una buena salud laboral a través del ejercicio siempre tendría que haberse considerado importante, pero lo va a ser más en el futuro debido a los cambios demográficos que ya se están dando en nuestra sociedad. El número de personas jóvenes está disminuyendo considerablemente mientras que el número de personas de edad avanzada aumenta, entre otras cosas, por el aumento de la esperanza de vida y una disminución de la natalidad. Por tanto, se espera que haya más personas de edad avanzada trabajando y que se tengan mayores oportunidades de desarrollar el potencial a lo largo de la vida más prolongada.Como podemos imaginar, aumentar la capacidad laboral entre los trabajadores de edad avanzada será muy importante para promover la salud de estas personas, pero también para el crecimiento económico.

Pues bien, existe evidencia científica que (al igual que sucede con determinadas enfermedades), soporta la práctica de ejercicio o actividad física como una herramienta para mejorar la habilidad laboral. Un estudio publicado hace poco (6), encontró que aquellas personas que realizaban más tiempo de actividad física de alta intensidad tenían una mejor habilidad laboral. Por el contrario, parece ser que el realizar actividad física de baja intensidad no tenía efecto y que, por tanto, no sólo nos basta con movernos un poco, sino que debemos tener en cuenta que hay que llegar a cierto umbral de exigencia para generar beneficios en este aspecto. Otro estudio realizado en empleados de la General Motors (7) encontró que aquellos que eran moderadamente activos (ejercicio 1 o 2 días por semana) y muy activos (ejercicio más de 3 días por semana) tenían unos costes anuales en salud de aproximadamente 250 dólares menos que los trabajadores inactivos, independientemente del peso y del índice de masa corporal. Es decir, sólo con hacer 1-2 días a la semana de ejercicio ya se generaba un ahorro de dinero para compañía. Con estos dos estudios vemos que es posible actuar desde la prevención, ya que si practicamos suficiente actividad física nos va a generar una serie de beneficios que resultarán en una mejor capacidad laboral y menores problemas de salud (conllevando un ahorro del gasto sanitario). Pero, por otro lado, la práctica de ejercicio físico no sólo sirve a modo preventivo, sino que también a modo de tratamiento eficaz para disminuir el dolor en aquellas zonas específicas que más se vean afectadas por las características de nuestro trabajo y, por consiguiente, mejorar o frenar la pérdida de capacidad laboral. En este sentido, una investigación danesa (8) encontró que un programa de entrenamiento de fuerza de alta intensidad para hombros, brazos y manos de 3 días por semana, podía prevenir el deterioro de la habilidad laboral en carniceros con dolor crónico, incluso con una duración total de entrenamiento que iba por debajo de 1 hora a la semana.

El hecho de que se necesite un menor tiempo de actividad o ejercicio físico para conseguir ciertos beneficios cuando este sea de carácter más intenso no es un hecho aislado. No en vano, las recomendaciones para adultos sobre actividad física semanal cuando la actividad es vigorosa del “American College of Sports Medicine” o la “American Heart Association” son de la mitad de tiempo que cuando la intensidad es moderada-baja. Del mismo modo, un interesante estudio publicado en la revista JAMA internal medicine (9) encontró que, si bien niveles bajos de moderada intensidad tenían efectos positivos en la mortalidad de los sujetos, cualquier nivel de actividad física de alta intensidad se asociaba con aproximadamente un 20% de menor mortalidad, aunque el tiempo de actividad estuviera incluso por debajo del mínimo recomendado. También debemos tener en cuenta de que a una mayor intensidad, menor tiempo total de ejercicio podremos realizar debido a la fatiga. Con todo ello, vemos que la realización de ejercicio físico de alta intensidad no sólo proporciona grandes beneficios para salud laboral, sino que además, lo podemos conseguir en un menor tiempo que cuando pasamos un largo rato haciendo ejercicio pero la intensidad es baja. Es decir, conseguimos más por menos y todavía nos queda tiempo para realizar otras actividades. Además, la práctica de ejercicio de mayor intensidad y menor duración puede facilitar el hecho de que en nuestra jornada laboral, realicemos un paréntesis para entrenar y luego volvamos a nuestras tareas.

Con esto blog espero haber contribuido para dar a conocer otro de los numerosos beneficios evidenciados que nos proporciona el ejercicio y que no suele tenerse muy en cuenta, lo que es una pena, pues no sólo mejora nuestra salud, sino que también generará un beneficio económico y para la sociedad.

https://youtu.be/s-QbV_OstxQ

Dr. Joaquin Calatayud Villalba

Profesor en el Máster de Nutrición y Actividad físico-deportiva para la promoción de la salud (VIU)

 

Referencias:

  1. Tuomi K, Ilmarinen J, Eskelinen L, Järvinen E, Toikkanen J, Klockars M. Prevalence and incidence rates of diseases and work ability in different work categories of municipal occupations. Scand J Work Environ Health. 1991;17 Suppl1:67–74.
  2. Alavinia SM, de Boer AGEM, van Duivenbooden JC, Frings-Dresen MHW, Burdorf A. Determinants of work ability and its predictive value for disability. Occup Med. 2009;59(1):32–7.
  3. Seitsamo J, Martikainen R. Work ability and all cause mortality; A 25-year longitudinal study among Finnish municipal workers. Promotion of workability towards productive ageing. London: Taylor and Francis GroupKumashiro M; 2009. p101–104.
  4. Neupane S, Miranda H, Virtanen P, Siukola A, NygårdC-H. Multi-site pain and work ability among an industrial population. Occup Med Oxf Engl. 2011;61(8):563–9. http://dx.doi.org/10.1093/occmed/kqr130.
  5. Vänni K, Virtanen P, Luukkaala T, Nygård C-H. Relationship between perceived work ability and productivity loss. Int J OccupSaf Ergon JOSE. 2012;18(3):299–309.
  6. Calatayud J, Jakobsen MD, Sundstrup E, Casaña J, Andersen LL. Dose-response association between leisure time physical activity and work ability: Cross-sectional study among 3000 workers.Scand J Public Health. 2015;43(8):819-24.
  7. Wang F, McDonald T, Champagne LJ, Edington DW. Relationship of body mass index and physical activity to health care costs among employees. JOccup Environ Med. 2004;46: 428–436.
  8. Sundstrup E, Jakobsen MD, Brandt M, et al. Workplace strength training prevents deterioration of work abilityamong workers with chronic pain and work disability: Arandomized controlled trial. Scand J Work Environ Health. 2014;40:244–51.
  9. Arem H, Moore SC, Patel A, et al. Leisure time physical activity and mortality: A detailed pooled analysis of the dose-response relationship. J Am Med Ass Intern Med.2015;175:959–67.