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El acoso escolar o bullying es un problema complejo, delicado y no siempre fácil de detectar y atajar con la suficiente rapidez como para que no acabe provocando consecuencias negativas, a veces perdurables en el tiempo, en forma de daños psicológicos, problemas de aprendizaje o rendimiento y hasta abandono o fracaso escolar. Afortunadamente, al tratarse de un fenómeno muy conocido y estudiado por los expertos, la experiencia adquirida ha permitido la elaboración de una serie de recomendaciones y guías de actuación para profesores que, siempre que se cuente con el compromiso e implicación de toda la comunidad educativa, se han mostrado eficientes para prevenir, detectar y resolver este tipo de conductas.

bullying psicologico físico

Origen del bullying

El maltrato psicológico o físico reiterado, deliberado y constante recibido por un escolar por parte de uno o varios agresores muchas veces tiene su origen en una gestión inadecuada de algo tan natural como son los conflictos, los cuales pueden derivar en episodios esporádicos de violencia que al perpetuarse y sistematizarse acaban convirtiéndose en acoso escolar o bullying.

Los motivos que empujan a un agresor o a un grupo de agresores a actuar así están relacionados con una personalidad agresiva y un bajo autocontrol, acompañado de un entorno familiar y social inadecuado, con antecedentes de violencia doméstica o justificación de la misma. Un grupo de compañeros que, por miedo a ser ellos mismos las próximas víctimas, se convierten en observadores pasivos e incluso instigadores y la ausencia de una verdadera toma de conciencia del problema por parte de la sociedad acaban creando el calvo de cultivo ideal para que se den, con demasiada frecuencia, situaciones de bullying en mayor o menor grado.

Guía de actuación del profesorado en las distintas fases del bullying

La prevención

La prevención es sin duda la fase más importante para neutralizar el bullying porque, de realizarse eficazmente, reduciría muchísimo el porcentaje de casos, haciendo mucho más sencilla la detección y resolución de los pocas situaciones de acoso escolar que, pese a todo, llegaran a producirse.

Tal como señala la profesora e invetigadora de la VIU, Isabel Iborra, para prevenir el bullying es fundamental «trabajar con los niños la temática que envuelve los derechos humanos, de cara a que se vayan impregnando de este ideario en su desarrollo posterior». Junto a estos valores fundamentales, desde la escuela se deben promover también las ideas democráticas, el consenso y el diálogo como forma de resolución de conflictos.

Por otro lado muchos escolares, en especial los que adoptan el rol de observadores pasivos sin defender ni denunciar la situación pese a ser testigos del acoso diario contra algún compañero, no son conscientes de las terribles consecuencias de este comportamiento. Por lo tanto, se les debe instruir desde pequeños, como se hace desde hace varios años en las escuelas finlandesas, sobre qué es el bullying, tipología, consecuencias y deber de comunicarlos a padres y profesores.

Un tercera área de actuación en la prevención del bullying es la comunicación y el feedback constante con las familias, intentando que estas participen y se integren lo más posible en la comunidad educativa.

La detección

Por definición el bullying se produce de espaldas a la visión directa de los adultos, profesores y padres. Por lo tanto, el primer error de un maestro es esperar a tener una prueba clara e irrefutable de acoso escolar para empezar a tomar medidas, puesto que lo normal es que la agresión nunca se produzca delante de los profesores, siendo los escenarios más habituales: pasillos, lavabos, el comedor o los alrededores del centro escolar.

En cualquier caso, existen una serie de indicadores o señales de alarma que pueden poner al profesor, siempre que esté alerta y con una actitud proactiva, en la pista correcta de posibles casos de bullying:

  • En la víctima: faltas de asistencia a clase injustificables, descenso abrupto e inexplicable de su rendimiento escolar, sentimientos de culpabilidad, síntoma de depresión (ansiedad, llanto, nerviosismo, dificultades de concentración...) o verbalización de relaciones inadecuadas con sus compañeros, aunque no se cite explícitamente un acoso verbal o físico.
  • En los acosadores: conductas agresivas, faltas de respeto en clase hacia los compañeros o profesores, bajo autocontrol, lenguaje corporal inadecuado con gestos o miradas desafiantes hacia profesores y otros alumnos.

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La resolución

Tras la confirmación o la sospecha fundada de un caso de acoso escolar, es crucial que el profesor tome una serie de medidas lo más pronto posible (una dilatación temporal normalmente no va hacer más que empeorar la situación). Lo ideal es que los pasos a tomar estén tipificados en las normas o protocolo del propio centro y, en el caso de no existir, acudir a la normativa de la comunidad autónoma correspondiente.

Siempre actuando de forma proporcional a la gravedad de los hechos, pero con firmeza y seguridad y confianza en la idoneidad de las medidas, las principales acciones a realizar son, por este orden:

  • Comunicar los hechos a la dirección del colegio (en casos muy graves puede ser necesario comunicarlo a la fiscalía de menores o a la policía).
  • Hablar con la víctima, el acosado o acosadores y los testigos con el fin de tener una visión los más exhaustiva y detallada posible de lo ocurrido.
  • Comunicar la situación a los padres de los alumnos implicados, tanto víctimas como agresores.
  • Tomar las medidas cautelares oportunas: protección de la víctima, expulsión temporal de los agresores o cambiarlos de institutos de forma permanente, etc.

Un aspecto fundamental cuando se está tratando un caso de bullying es respetar escrupulosamente la confidencialidad de los implicados, evitando hacer comentarios con otros padres, escuchar todas las versiones y permitir la discrepancia, siempre que se mantengan las normas de convivencia establecidas por el centro escolar.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia