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El MIT Technology Review lleva publicando desde el año 2001 una lista de las innovaciones tecnológicas más importantes que van surgiendo cada año. Los editores seleccionan cada uno de los artículos que incluyen en la lista basándose en su potencial para crear una disrupción y cambiar el mundo.

Las listas de otros años anteriores incluye temas muy interesantes como la epigenética, redes inalámbricas de sensores, computación distribuida, fabricación aditiva, relojes inteligentes y móviles en 3D. La lista de 2016 ha sido igualmente emocionante, incluyendo innovaciones tecnológicas muy interesantes que quizás todos disfrutemos en poco tiempo. Veamos 3 de ellas.

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Interfaces conversacionales

Si te dieras un paseo por Sanlitun, un animado barrio en Beijing lleno de turistas, verías muchos bares de karaoke y tiendas de lujo, y también un montón de personas utilizando los últimos smartphones de Apple, Samsung o Xiaomi. Pero si pudieras mirar de cerca, es posible que observaras a algunas de estas personas haciendo caso omiso de las pantallas táctiles de estos dispositivos a favor de algo mucho más eficiente e intuitivo: su voz.

Un número cada vez mayor de usuarios de smartphones de China ahora prescinden de utilizar los teclados pequeños cuando utilizan el buscador más popular del país, Baidu. Y es que China es un lugar ideal para este tipo de innovaciones tecnológicas. En este país las interfaces de voz tienen todas las papeletas para triunfar ya que los caracteres chinos no se llevan muy bien con las pequeñas pantallas. Pero la gente de todo el mundo deberían beneficiarse a medida que avanza la tecnología Baidu. Poder hablar con las aplicaciones de nuestros smartphones hace que las interfaces de voz sean muy prácticas y útiles. Podría hacer que sea más fácil para cualquier persona comunicarse con las máquinas que nos rodean.

 

Robots que se enseñan unos a otros

Muchos de los trabajos humanos serían ideales para poder ser realizados por los robots, como el embalaje de los objetos en los almacenes, ayudar a pacientes postrados en cama, o ayudar a los soldados en el frente. Sin embargo, todavía nos son del todo posibles porque los robots siguen sin reconocer y manejar objetos comunes fácilmente. La gente en general no tienen problemas para plegar los calcetines o recoger vasos de agua, porque hemos pasado por un proceso de recolección de big data llamado niñez. Para que los robots puedan hacer el mismo tipo de tareas rutinarias, también necesitan acceso a esas grandes cantidades de datos sobre la forma de agarrar y manipular objetos. Pero, ¿de dónde deben provenir esos datos? Por lo general siempre se ha hecho mediante programación minuciosa. Pero lo ideal es que los propios robots puedan obtener esa información de otros robots.

El objetivo es que los robots de investigación de todo el mundo aprendan a detectar y gestionar elementos simples como cuencos, subir sus datos a la nube, y permitir que otros robots los puedan analizar para utilizar la información.

Se trata de innovaciones tecnológicas todavía no desarrolladas pero en los próximos 5 a 10 años, podemos esperar ver una explosión en la capacidad de los robots. A medida que más investigadores contribuyen y refinan el conocimiento basado en la nube, los robots tendrán acceso a toda la información que necesiten para aprender.

 

Cohetes reutilizables

Miles de cohetes ha volado al espacio desde los primeros días de nuestra aventura espacial, pero no ha sido hasta el año 2015 cuando se ha conseguido una de las innovaciones tecnológicas más importantes para la industria aeroespacial. Un cohete consiguió volver y aterrizar en posición vertical sobre una pista de aterrizaje, controlando perfectamente su descenso. Hasta ahora todos los cohetes se destruyen tras ese primer vuelo inaugural. Esto significa que los cohetes espaciales podrían ser reutilizados una y otra vez lo que haría que los vuelos espaciales fueran alrededor de 100 veces más baratos.

Detrás de esta innovación tecnológica están dos multimillonarios de la tecnología: Jeff Bezos de Blue Origin logró el primer aterrizaje en noviembre; y Elon Musk de SpaceX lo hizo en diciembre. Se trata de empresas muy diferentes. Blue Origin quiere fomentar el turismo espacial a través de cápsulas con paseos espaciales de cuatro minutos, mientras que SpaceX ya lanza satélites de suministro para misiones de la estación espacial. Pero ambos necesitan cohetes reutilizables para mejorar la economía de los vuelos espaciales.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia