Vivimos en una sociedad en la que todos buscamos continuamente maneras de sentirnos bien. La angustia y la ansiedad son enemigas de este objetivo, por lo que también queremos encontrar la forma de no caer en ellas y de eliminar el estrés de nuestras vidas.

Estamos acostumbrados a leer anuncios, libros y otras recetas mágicas como pueden ser:

  • “Controle angustia y ansiedad para ser feliz”
  • “Cómo evitar el estrés”
  • “El yoga: un método eficaz para prevenir la tensión psicológica”
  • “Cómo controlar la ansiedad antes de que ella le controle a usted”

Y otras tantas fórmulas que nos prometen una vida feliz y sin rastro de sufrimiento.

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Dougher, un importante psicólogo y pionero en las terapias psicológicas de tercera generación, hizo una importante revelación al respecto. Señaló que los valores sociales en alza han equiparado la búsqueda del placer con la huida ante el dolor.

Es decir, que es habitual que la gente entienda la felicidad como la ausencia de dolor, ansiedad, problemas y preocupaciones, etc. Al mismo tiempo, esto se vincula con ciertos niveles económicos y signos estéticos.

En este sentido, la tremenda amenaza que conlleva la aparición del COVID-19 no iba a ser menos. Supone, desde mi punto de vista, un reflejo a gran escala de lo que vivimos diariamente en nuestra sociedad.

A nivel psicológico, esta situación me recuerda claramente a la película de animación “Inside out” (“Del revés”, en español), de Disney Pixar. En ella, cinco emociones conviven en el interior de una niña llamada Riley: alegría, miedo, asco, ira y tristeza. Todas compiten por tomar el control de sus acciones cuando la pequeña se traslada a San Francisco junto a su familia. Desde ese momento, el caos está asegurado. 

En momentos como el que estamos experimentando, la vida nos pone a prueba. Tenemos que adaptarnos a una nueva vida que implica:

  • Nuevos planes en casa con nuestros hijos.
  • Trabajar de una manera diferente.
  • Vivir con la incertidumbre de cuándo pasará todo esto.
  • Convivir 24 horas con nuestros familiares, nos llevemos bien o regular con ellos.
  • Ver noticias desalentadoras del numero de contagiados y fallecidos.

Y, además, todo ello lo tenemos que hacer sin estrés, ansiedad, y estando bien.

Alcanzar con éxito este objetivo no parece fácil. Ante esta situación, no se trata de resignarnos a la ansiedad. Se trata de evitar hacer esfuerzos por no sentirla, porque es condición inherente a la situación. Se trata de dejar de pelear con ella, de aceptar que está ahí y de tener un compromiso con nosotros mismos para hacer las cosas como creemos que tenemos que hacerlas.

En otras palabras: no debemos luchar por no sentir ansiedad. Debemos aprender a convivir con ella.

Solo de esta manera la ansiedad dejará de ser ese enemigo invencible que aparece inevitablemente cuando las cosas no se desarrollan como nos gustaría. Mientras nuestro objetivo sea no sentirnos mal, las probabilidades de que aparezca ansiedad, así como otros sentimientos de frustración y estrés, serán muy altas.

Kai Liu, profesor asociado en la Jiangsu Normal University in Xuzhou, nos relata en uno de sus artículos su proceso de adaptación a la nueva situación de confinamiento. Describe cómo su intento para liberarse de la angustia y ansiedad, junto a la necesidad de concentrarse para trabajar, no le estaba dando ningún resultado. Todo lo contrario: eliminar la ansiedad era una batalla perdida. “Entonces me dije que no estaba tan mal sentir ansiedad; esto me ayudó a disminuir mis luchas internas”.

Estamos viviendo tiempos difíciles, donde se nos pone a prueba y donde necesitamos sacar nuestros mejores recursos ante las adversidades. En este sentido, las terapias psicológicas de tercera generación nos proponen:

  1. Un nuevo modelo de psicopatología que se aleja de las terapias anteriores dirigidas a eliminar sentimientos y emociones inherentes a la condición humana.
  2. Una nueva manera de vivir.
  3. Además, nos permiten conocer las implicaciones que tienen en nuestro comportamiento las reglas verbales aprendidas en la familia o desde la cultura. Esto da paso a un nuevo término en la generación de los trastornos psicológicos: la flexibilidad psicológica.

No seremos los mismos después del COVID-19. Paradójicamente, de las situaciones difíciles es de las que realmente se aprende. Este aprendizaje duele, pero estaréis de acuerdo conmigo en que es verdad. Y la verdad no debe negarse.

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Fuentes:

- How I faced my coronavirus anxiety. Kai Li . Science  20 Mar 2020: Vol. 367, Issue 6484, pp. 1398. DOI: 10.1126/science.367.6484.1398

- Dougher, M.J (ed) (2000). Clinica Behavior Analysis. Reno, NV: Context Press.

Autor

José Luis Díaz Cordobés

Profesor de la Maestría en Terapias Psicológicas de Tercera Generación