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Todos sabemos que llegar a dominar cualquier técnica requiere de horas de práctica. Lo mismo sucede cuando se aprende a tocar un instrumento musical. Sin embargo, ¿es solo una cuestión de tiempo?

Desde que en 1973 Chase y Simon realizaran una investigación observando a jugadores de ajedrez y concluyeran que era necesaria una década de estudio y práctica intensiva para desarrollar determinadas habilidades técnicas, la “regla de los 10 años” se convirtió en la norma. Algunos estudios posteriores, como el de Ericsson, Krampe y Tesch-Römer (1994) realizaron un cálculo similar, observando que los pianistas profesionales acumulaban unas 10.000 horas de práctica, mientras que en los amateurs la media era de 2.000.

Esta última regla, popularizada por el periodista y sociólogo Malcolm Gladwell en su libro titulado Fuera de serie (Outliers) Por qué unas personas tienen éxito y otras no, se ha aplicado luego a otros muchos ámbitos. Sin embargo, como el propio Gladwell explica: “la práctica no es una condición suficiente para el éxito. Yo podría jugar al ajedrez durante 100 años y nunca llegaría a ser un experto. El tema es que la habilidad natural requiere de una inmensa inversión de tiempo para hacerse manifiesta”. Lejos de aclarar las cosas, introdujo en la explicación una idea muy controvertida: que el aprendizaje es una cuestión de talento “natural”. Afortunadamente, al menos en el mundo de la música, Gary Marcus demostró lo contrario convirtiéndose él mismo (“desahuciado” como músico en su infancia y juventud), a los 42 años, en sujeto de una investigación que muestra que el aprendizaje no depende del talento ni de la edad, sino del número de horas de práctica.

Pero: ¿cuántas horas? Como podemos observar en las respuestas de grandes intérpretes como Rubinstein o Milstein (citados por Kageyama, 2016), la respuesta no está del todo clara. Según Rubinstein, si alguien tiene que practicar durante más de cuatro horas diarias, probablemente está haciendo algo mal. Por su parte, Milstein comenta lo que su profesor le respondió cuando éste le preguntó cuántas horas diarias debía practicar: “Practique con sus dedos y necesitará todo el día. Practique con su cabeza y una hora y media será suficiente”.

Parece evidente que, a pesar de que algunos profesores siguen exigiendo a sus alumnos una cantidad determinada de horas de estudio, la clave no está en las horas, sino en cómo se aprovechan, y en este aprovechamiento es decisivo lo que dice el profesor y lo que se dice el alumno a sí mismo.

Uno de los libros más interesantes sobre el tema que he leído en los últimos años es El juego interior de la música, de Green y Gallwey (1986). Como explican sus autores, en todo lo que hacemos hay dos juegos: el exterior, en el que superamos obstáculos externos para alcanzar nuestro objetivo (ganar un partido de tenis, tocar bien o tener éxito en cualquier cosa en la que estemos interesados) y el juego interior, en el que superamos obstáculos internos tales como la falta de confianza en uno mismo, el miedo, lapsus de atención, nervios, etc. Son estos obstáculos internos los que más interfieren en nuestras actividades musicales (no solo tocar, sino también escuchar, componer, etc.); por ello, cuando aprendemos a “jugar al juego interior” aprendemos a eliminar la interferencia mental, lo cual desbloquea automáticamente nuestro “juego exterior”. A algunos profesores (no solo de instrumento sino, como es mi caso, de otras materias, puesto que hace años dejé de enseñar a tocar un instrumento) el libro nos ha enseñado algo fundamental: pasar de sobre-instruir a los estudiantes (por ejemplo, darles demasiadas indicaciones) a entrenarlos (en el sentido de usar el coaching como estrategia) para que puedan aprender de su propia experiencia, tanto a la hora de escuchar, como de tocar un instrumento, componer o improvisar.

No pretendo decir (como en algunos escritos más o menos críticos se ha sugerido) que aprender a dominar el juego interior lo es todo. Sin duda, y volviendo al tema con el que comenzaba este post, la técnica y las horas de práctica (quizá no tantas como algunos consideran) son fundamentales. Sin embargo, por sí solas son insuficientes y no garantizan el éxito de un estudiante. De hecho, nadie puede negar que un desempeño óptimo en la música, pero también en cualquier otra tarea, depende tanto de la capacidad para eliminar los obstáculos internos o interferencias como de nuestras habilidades técnicas. Ya sabemos que nada enseña tanto como le experiencia, así que para terminar este post me gustaría sugerir uno de los ejercicios incluidos en el libro, que sin duda ayudará a entender mejor lo que he intentado explicar.

  • ¿Cuál es la mejor experiencia musical que ha tenido? ¿Puede recordarla? Puede que sea una lección, un examen, un ensayo o un concierto. ¿Cómo fue? ¿Cuánto puede recordar sobre lo que pensaba mientras estaba tocando? ¿Qué pasaba por su cabeza? Mientras estaba tocando, ¿algún pensamiento del tipo “oh, esto es fantástico, no me estoy equivocando” pasó por su cabeza? ¿Estaba tan metido en su interpretación que no tuvo ni tiempo de contestarse? Y si contestó para felicitarse: ¿esa pequeña distracción hizo que casi perdiera el hilo de su interpretación?
  • Ahora piense en una situación en la que las cosas no fueron tan bien. Intente recordar qué pasó por su mente y elabore un listado con los efectos mentales y físicos que sus pensamientos tuvieron en la interpretación (por ejemplo, palpitaciones, manos sudorosas, tensión, olvidar la música, perder concentración). ¿Qué nuevas ideas surgieron mientras esos efectos tenían lugar? ¿Le ayudaron a salir adelante o, por el contrario, complicaban cada vez más las cosas? ¿Qué hubiese sido distinto si hubiera sabido cómo controlar su “juego interior” y eliminar las interferencias?

¿Más horas de estudio hubiesen sido suficientes para superar aquella situación en la que las cosas no fueron tan bien? Imagine dos estudiantes que practican la misma cantidad de horas. ¿Ambos hubiesen obtenido los mismos resultados? ¿Qué explica, por ejemplo, que uno haya dado un concierto estupendo y otro no? Quizá en la respuesta a estas y otras preguntas esté la clave.

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Vídeo 2: https://www.youtube.com/watch?v=IPqmMaZ0st0

 

 

Referencias

Chase, W. & Simon, H. (1973). Perception in Chess. Cognitive Psychology 4, 55-81.

Ericsson, K. A.; Krampe, R. & Tesch-Römer, C. (1994). The Role of Deliberate Practice in the Acquisition of Expert Performance. Psychological Review, 100(3), 363-406.

Gladwell, M. (2011) Fuera de serie (Outliers) Por qué unas personas tienen éxito y otras no. Madrid: Taurus.

Green, B., & Gallwey, W. T. (1986). The inner game of music. Garden City, N.Y: Anchor Press/Doubleday.

Kageyama, N. (2016). How many hours a Day Shoud you Practice? Bullet Proof Musician.

Marcus, G. (2012). Guitar Zero. The New Musician and the Science of Learning. New York: The Penguin Press.

 

Andrea Giráldez
Profesora de Universidad. Consultora y coach especializada en educación
Colaborador docente en el Maestría Oficial en Interpretación e Investigación de la VIU