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A la hora de estudiar el universo, es necesario hacer uso de diferentes tipos de técnicas de observación. Gracias a esta variedad, se consigue obtener información más amplia y más variada y, de hecho, según el tipo de objeto espacial que se esté estudiando, será necesario el uso de una técnica concreta, ya que de esa forma se podrá estudiar en mayor profundidad y sin limitar el proceso y la calidad de la de observación.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, de entre todas las técnicas de observación disponible, el ojo es la más antigua de todas. Antes de la invención del telescopio la única manera de observar el cosmos y estudiar el universo era levantando la cabeza y observando el cielo con los propios ojos. Este sistema fue muy útil para los antiguos, que consiguieron hacer grandes descubrimientos astronómicos tanto en nuestro entorno más cercano del sistema solar como observando la posición de las estrellas en lo que creían que era la bóveda celeste. Sin embargo, el ojo humano presenta una serie de problemas considerables a la hora de estudiar el universo, ya que se trata de una técnica de observación muy limitada.

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Con la invención del telescopio la astronomía dio un paso cualitativo en lo que a técnicas de observación se refiere. A partir del uso de telescopios, se pudo llegar a observar regiones del universo que, hasta aquel momento, habían permanecido completamente impenetrables para la ciencia, como es el caso de los planetas cuyas órbitas se sitúan más allá de Júpiter. Además, a lo largo del siglo XX, los telescopios evolucionaron y se desarrollaron los radiotelescopios, telescopios capaces de captar imágenes generadas a partir de ondas que van más allá de la parte del espectro de la luz visible, lo que supuso un gran salto para el estudio del universo, ya que ahora se tenía la posibilidad de observar objetos espaciales que habían sido invisibles hasta ese momento.

Finalmente, las técnicas de observación astronómica se situarían a la vanguardia actual gracias a los telescopios espaciales, que no son otra cosa que telescopios que se ubican en el espacio exterior y que observan el universo desde esta posición estratégica. El hecho de que los telescopios espaciales se sitúen más allá de la atmósfera terrestre no es casual. Hay que tener en cuenta que, cualquier observación del universo que se lleve a cabo desde la tierra, estará limitada a causa de la presencia de la propia atmósfera terrestre, que constituye un elemento intermedio entre el telescopio y el objeto espacial observado. Esto hace que la calidad de las imágenes que se obtengan desde la superficie terrestre sean menos precisas a causa de la contaminación lumínica y la presencia intermedia de la capa gaseosa que supone la atmósfera. De este modo, gracias a los telescopios espaciales, se consiguen evitar todos estos inconvenientes, lo que permite una observación mucho más detallada y concisa del espacio exterior.

Hoy en día, las técnicas de observación continúan evolucionando gracias a la tecnología y al avance de los telescopios, tanto terrestres como espaciales, que cada vez son más potentes y consiguen llegar a observar hasta los rincones más recónditos del universo. De este modo, cada vez tenemos a nuestro alcance mayores medios con los que la astronomía avanza y, con ella, el conocimiento y entendimiento del propio cosmos.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia